SUPONGAMOS.
A quien no le ha dado nunca por
suponer… supongamos por un momento que dejamos el miedo a un lado.
Supongamos
que no hay prejuicios ni dobleces en el discurso. Por un día, por un momento,
aparcamos los temores a un lado, porque importa más lo de dentro que lo de
fuera, porque nos importa el aquí y ahora. Lo estamos viviendo, lo estamos
sintiendo.
Supongamos por un momento que
gana la batalla el coraje, que por fin me atrevo a decirte aquello que llevo
días guardando.
Supongamos que ya has llegado un poco más adentro de lo que los
dos nos habíamos imaginados.
Supongamos que lo que empezó como un encuentro
casual e inocente ahora se me ha ido de las manos. Supongamos que de todas las
risas, una se clavó en el alma. Supongamos que de todas las miradas una
paralizo el tiempo.
El rumor del mar al fondo, y un
reloj disparado, ¿acaso existe algo más dulce? Supongamos que ahora los días de
la semana se me hacen más largos, esperando con temor si volverás a verme en el
fin de semana.
Supongamos por un momento que has
sido un descubrimiento, que en cada carcajada he sido la persona más feliz.
Supongamos que cuando me das un abrazo, fuerte, sincero, cálido siento que es
de verdad y sobre todo que quiero más.
Supongamos que tú hoy, sientes lo
mismo, que me miras a los ojos y ves en mi una posibilidad, una oportunidad, un
comienzo nuevo y que hoy te arriesgas porque mañana puede ser muy tarde.
Supongamos que puedo vivir sin ti,
pero realmente no quiero que te vayas porque sé que mereces la pena. Supongamos
que ves en mí lo mismo.
Supongamos por un momento, que
hoy, como a un gato que le pica la curiosidad, extiende esta página y lee este
texto. ¿Has sonreído verdad? Porque sabes que eres tú, porque aún recuerdas a
que huele mi pelo, y a que saben las cañas que nos tomamos. Y así surgió, de
manera espontánea, de manera tonta.
Supongamos que quiero más, porque
me importas. Si, tú. Tú y solo tú has sido capaz de escucharme, de hacer volar
mi alma y sobre todo hacerme sentir libre.
Supongamos que el otro día
mientras medio dormías, en tu hombro
derecho dibuje con el dedo “te quiero” a
pesar de que no hubo respuesta alguna. Esas palabras eran para ti.
Supongamos que esto no es una
suposición.
Y ahora tú…
¡descubres la verdad!
No hay comentarios:
Publicar un comentario