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miércoles, 9 de enero de 2013

EL TIEMPO...


Dana cerró los ojos y empezó a imaginar todos los buenos momentos que había vivido a lo largo de todos estos años. Más bien eran pocos. Encerrada en cuatro paredes blancas y como si fuese el último tráiler de su vida, se disponía a reflexionar sobre ello. El tiempo se agota. Se engañó todo este tiempo. No le daba igual estar que no estar. Al menos ahora le importaba. La lucha más grande sin duda era con ella misma.

Demasiado tiempo empleado con otras personas. No era proporcional al que a ella le habían dedicado. Eso la  había atormentado demasiado tiempo. Quizás eso ahora poco importaba. Ese momento era necesario. Ese momento. El momento en el que estas jugando una partida y no sabes que cartas te van a tocar.

Toda la vida había  demostrado todo lo que podía hacer, una lucha continúa con las circunstancias,  con las personas, con aquellos obstáculos que no la dejaban en definitiva: Vivir.  No lo había decidido. Ciertas loterías no se quieren pero a ella le había tocado. Toda su puñetera vida, diciéndose a sí misma “no pasa nada”, “esto no me va a condicionar para nada”. Una mentira más. Sin embargo, hoy, no era día para rendirse.

Dana recordaba las palabras de R. Kipling:

“Si piensas y rechazas lo que piensas en vano.
Si alcanzas el TRIUNFO ó llega tu DERROTA,
y a los dos impostores les tratas de igual forma…”

“Si nadie que te hiera, llega a hacerte la herida.
Si todos te reclaman, y ninguno te precisa”.


Al mismo tiempo que los recuerdos pasaban por su mente. Esto no era lo definitivo. Nada era definitivo. Todo pasa, todo llega y todo vuelve. Así era su vida. No importaba lo que hacía. Aquello volvería, sin previo aviso y ella estaría ahí a la espera.  Al menos era como los demás, con sus diferencias, con sus virtudes y con sus defectos… pero esta vez con un comodín en la partida: todavía le quedaba tiempo…

 


domingo, 6 de enero de 2013

La nieta y La abuela

Buenos días a todos/as:

Cómo sabéis, este blog, pretende ser un reflejo de sentimientos y reflexiones que vivimos. Un espejo en el que vivamos un descubrimiento: el nuestro propio

Para mi la Navidad, es un momento maravilloso, es mágico, te reúnes con los tuyos, compartes momentos, anécdotas ..Sin embargo, es en ocasiones un tiempo de nostalgia, recordando aquellos que ya no están. Hoy os muestro  la entrada MÁS PERSONAL, y la creación más antigua (2005).


La Nieta y la Abuela


Gritan los recuerdos
historias del ayer.

Dos niñas jugando
quieren princesas ser
la una lisa la cara
en la otra surcos se ven.

La parca llama a su puerta
pero no la quiere atender
que una princesa lozana
alegre la quiere ver.

Grita la memoria
recuerdos del ayer.

Vuelan dos almas gemelas
rondando el atardecer
ríen la nieta y abuela
fintando al envejecer.

Pero el Hado furioso replica
un alma debe pagar
el precio de la nueva vida…

Y mientras por tu mejilla rueda
una lágrima furtiva
tus labios apenas perfilan
no te me vayas abuela.

viernes, 4 de enero de 2013

La QuiMeRa!


Al fin juntos, había pensado él .Después de tanto tiempo, de tantas alegrías y tantos sufrimientos, todo hay que decirlo, estaban juntos. Una relación... especial, cuando menos. Tantas cosas por hacer, y tan poco tiempo para hacerlas... pensó él con una punzada de angustia en el corazón...

-Quiero que dejes volar tu fantasía, quiero descubrir hasta donde llega tu atrevimiento.

-Quieres decir... ¿que tengo carta blanca sobre tu cuerpo?

-Ja ja ja... no, listillo. Quiero decir, que estoy harta de escuchar... lo mucho que me harías sentir, y luego todo queda en palabras...- Su tono era provocador, ella lo sabía.

-Y... ¿qué propones?

-Mira, te propongo un juego... Tiraré una moneda al aire, si sale cara ganas tú...Y tú decides donde vamos y que hacemos. Si sale cruz, seré yo la que decida qué hago contigo esta noche, ¿vale?

Nuevamente volvieron a reír y con un gesto de aprobación dijo él...

-Venga lanza la moneda, ¡pero recuerda, si gano, esta noche mando yo! Y tú harás "todo" lo que yo quiera.

La noche perfecta, la arena de la playa se estaba quedando fría tras el bochorno del día. Y un manto de estrellas encima de ellos era testigo de su juego.

-Entonces, - dijo ella - ¿estás de acuerdo? si sale cara decido yo ... si sale cruz decides tú.

Volvieron a reír... ella pensó por un momento en las ganas que tenía de besarlo, de que sus brazos la abrazaran, de notarlo pegado a ella. De que el sudor de sus pieles se fundiese en uno solo. Se abrazaron mientras salían de la arena y se acercaban al jardín.

-¡Lanza la moneda al aire, pesada!...- Dijo él deseoso de ver lo que esa moneda dictaba. La moneda, algo pequeña para esa oscuridad de la noche, fue a caer debajo de aquel banco de piedra donde habían estado sentados momentos antes. Él, asomándose, la recogió.

-Presiento que esta noche alguien ha perdido el juego, - habló con un brillo de triunfo en la voz, y una luz especial en los ojos.

No hubiera hecho falta ningún adivino para darse cuenta que el ganador se llevaba el mismo premio que el perdedor, era el juego ideal, los dos ganaban, ninguno perdía.

El lugar era agradable, romántico... El deseo de pasar aquel momento juntos era recíproco, estaba anunciado.

-Te pondré esta venda de seda en los ojos, no te muevas hasta que te lo diga. – dijo él mientras le anudaba con cuidado el trozo de seda negra en la cabeza, y sus brazos abarcaban toda su figura.

Las caricias que compartían eran una comunicación entre ellos. De sensaciones y sentimientos hacia la otra persona.


Pero esas miradas mientras se acariciaban, esos piropos susurrantes era todo un juego de placer que provocaba en ella, suspiros y palabras entrecortadas al oído de él. Poco a poco, sintió como la brisa del mar dejaba de envolverla, entraban en la casa, y un aroma de incienso le acarició la cara.

-Abre los ojos.

Ella se quedó sin respiración. Su mirada recorrió la habitación en penunbra, caóticamente iluminada por docenas de aromáticas velas. Todo eran puntos de luz por todos los sitios donde escasamente pudieran sostenerlas. Al menos una, por cada vez que había imaginado este momento, pensó. Al menos una, por cada vez que yo lo hice sufrir. Al menos una, por cada vez que él me hizo llorar.

El ambiente era espeso. Casi se podía cortar con un cuchillo. Casi sentía miedo de romper cualquier pequeño detalle de aquella puesta en escena que su amante le había preparado y despertarse de pronto para comprobar que todo había sido, nueva y fatalmente, un sueño.

-No me gusta perder en el juego, y tú siempre me ganas,  ¿recuerdas?,- dijo ella casi sin respiración - pero reconozco que en esta ocasión no me importa pagarte tu premio.

-¿Ah sí?...pues que sepas esto solo acaba de empezar...

Sus labios se juntaron mezclado sus sabores y por un momento el tiempo se paró para ellos. La apuesta era ella... y el premio lo estaba pagando. ¿O lo estaba cobrando?.

Tumbados en la cama, él al lado de ella, recorriendo cada centímetro de su cuerpo, su rostro sus manos, sus brazos. Su cuello, sus hombros…

La acariciaba con una tranquilidad y suavidad que la hacia temblar y vibrar. Al mismo tiempo, estaba intensificando ese momento, y mirándola a los ojos, él podía ver que le gustaba.

Mientras, las manos de ella se perdían por su espalda, por su pelo por todo su cuerpo. Desvistiéndose el uno al otro sin prisa, poco a poco... jugando al juego definitivo. Al momento en que el mundo desaparece y solo existe un hombre y una mujer.

-Quiero oír de tus labios que me quieres, mientras esos ojos azul bolsa de basura miran a los míos.- dice ella mientras sus cuerpos son uno. La intensidad del placer empieza a invadirles aumentando a pasos agigantados.

Con los ojos sin quitarlos de su mirada, al oído, y con aquella voz susurrante que la vuelve loca, dice...

-No es lo mismo escribírtelo que decírtelo. Te quiero. Son solo dos palabras, ¿sabes?, pero encierran todo un mundo dentro.

Ella se ríe feliz.

-Yo he sido el ganador de este juego, y ahora que te tengo casi tocando el cielo quiero oírtelo decir a ti también.

-¿Casi tocando el cielo? vaya creído... - pero mientras decía esto un ¡ay! se le escapaba...- Solo te lo diré si tú me lo dices otra vez. Oírtelo decir de tus labios es el mejor regalo para mí.

Sus caricias, sus besos, aumentaban a cada segundo y sus respiraciones anunciaban el final del juego del amor. Las palmas de sus manos se unieron en ese instante... justo en ese mismo momento de placer completo. Y sí, su sudor formó al fin uno solo mientras sus cuerpos se unían de forma inseparable.

De sus bocas salieron un "te quiero" al unísono acompañando a su nombre. Rieron, la noche era oscura, y la luna pudorosa y recatada, ya no estaba presente mientras ellos jugaban en aquella habitación al juego del amor.

Al alba, él despertó y notó la cama vacía a su lado. Una sensación de opresión le desgarró de nuevo el vientre, mientras notaba el peso de la duda en su pecho. Se levantó despacio, como si cada paso que diese le acercase más y más a la desesperanzada realidad de un nuevo abandono. Entró con paso vacilante en la cocina.

-Buenos días, mi vida. – la voz sonó a música celestial en su oído. ¿Dios, cómo puede sonar tan angelical una voz? se preguntó.

Apenas pudo balbucear un hola mientras admiraba su grácil silueta apenas velada por una de sus camisas recortándose contra el azul del cielo mediterráneo. El cielo y el mar en la ventana, ella en la casa y la risa del sol en sus ojos. La felicidad no era una quimera.

Al fondo de la cocina, una mesa decorada con un jarrón en el centro, de rosas recién cortadas de su jardín, (casualmente la flor preferida de ella). Y un desayuno completo donde el zumo de naranja  no podía faltar.

- ¿Cara o cruz?. - Preguntó ella mientras esbozaba una pícara sonrisa-

jueves, 3 de enero de 2013

El corazón de Dana...

El corazón de Dana es lo más parecido a un océano lleno de secretos. Es una de las pocas cosas que no controla... y eso a ella no le gusta. Después de haberse equivocado con sus anteriores parejas decide que este verano será sólo suyo, piensa para ella misma " Ya me toca ser egoísta por una vez en la vida" ... sin embargo hay algo que nunca podrá evitar: es una romántica.

Intenta por todos los medios, no conocer a nadie ( siempre " por si acaso"). Pobre ilusa, no sabe la que le va a caer encima, y es que como dice Pablo Neruda en sus poemas " podrán cortar todas las flores pero no detendrán la primavera" y a ella le va a pasar igual... lo descubre más tarde.

Es en Diciembre cuando Dana descubre que uno de los meses más gélidos puede ser el más dulce. Bendito Diciembre. Diciembre Dulce. Su corazón está a más de 450 km pero se niega a reconocerlo. Trata de ser alguien que realmente no es, busca de mil maneras una coraza para no dar a conocer lo que días antes estaba sintiendo. Demasiado tarde. Dana muere cada minuto que no sabe de él. Esta atrapada.

Por fin llega el día. Su día. Miles de mariposas vuelan por su estómago e incrédula llega a su destino. Se dan el primer beso y en ese preciso momento, el tiempo se para, el mundo se para. Todo el universo de Dana se para. La sensación para ella es indescriptible, por un lugar es misterioso y furtivo, por otro lado es mágico, es la sensación de flotar, lo más parecido a la felicidad. Él piensa que sabe muchas cosas de ella... se equivoca... sabe aquello que ella quiera que sepa ( para algo que puede "controlar"). Ese día sería el principio del comienzo. Ese día marcará muchas cosas para ella.

Sin embargo, hoy Dana está reflexiva...a pesar de que es feliz, no se lo cree. No se siente merecedora de ese premio. Quizás no está preparada para pasarlo mal, otra vez más no. Quizás es una cobarde, aunque eso no vaya con ella. La idea de que querer no sea poder, la atormenta... es difícil que una persona que se ilusiona ahora corte cualquier atisbo de sueño. La razón nunca se ha visto acompañada por el corazón.


Sin embargo, a pesar de ser un día difícil para ella, a pesar de los obstáculos  Dana lo vuelve a ver cada día en sus sueños y no le importa nada más... sonríe imaginando el siguiente momento...y es que tienen más cosas en común de las que nadie piensa. La mirada de él, al igual que el corazón de ella es un océano lleno de secretos donde se para el TIEMPO.

Dana... una especie en peligro de extinción...


Cómo si se tratase de una de las primeras obras de Kandinsky, el sueño de Dana de hoy ha sido de lo más abstracto casi tanto como su vida. Era un sueño de esos que calan. Libertad. Esa era la palabra, quizás lo que ella había anhelado todo este tiempo. Enfrascada en una situación que la retiene mientras los sentimientos vienen y van. Cansada de dar, sin tener nada que pedir. Sólo lealtad. Sólo Libertad.

Se despierta, confundida por el momento, preguntándose ¿Quién soy yo? Hoy no es día de reflexionar, debe de comenzar a vivir. Se levanta apresurada, no quiere llegar tarde a su trabajo, a pesar de que no es el trabajo de sus sueños, la puntualidad es algo que va con ella, como si realmente fuese  una característica innata de sí misma.

Deseosa de que finalicé su jornada laboral, imagina cómo va a ser la reunión entre amigas, la noche es joven y ella busca una “presa” a pesar de que piensa que ya nadie merece la pena…Después de mirar impaciente el reloj quince mil veces por minuto al fin llega la hora.
Va caminando lo más rápido que puede, pensando en que “modelito” se pondrá hoy, y ella que siempre tiene gustos caros, sabe que las mejores joyas se venden solas aunque ella ya no se venda.

Esta preparada, comienza la acción a pocos metros se encuentra el restaurante y allí estarán sus tres amigas del alma, las “mosqueteras” como las llama de manera cariñosa. A su encuentro sale su mejor amiga Patricia una chica de esas que tienen “estrella”, casi perfecta, el sueño de todo hombre. Dentro las esperan las dos compañeras de juergas y de batallas: Sonia y Estela.

Comienza la noche. Entre risas y cotilleos, Estela pide la cuenta. Se les hace tarde y para variar Sonia ha bebido un par de copas de más y  comienza a reírse de manera compulsiva. Dana desea que la noche siga, no tiene nada que perder y como le diría su compañero de cama, ese que nunca le falla; “Algunas veces hay que decidirse entre una cosa a la que se está acostumbrado y otra que nos gustaría conocer”. Puede resultar inquietante, pero Coelho siempre acierta y hoy quiere dedicárselo a él.

Entran en una discoteca y el destino parece que se burla de ella: a su izquierda el chico que le había robado el corazón hace tiempo y que tanto la había decepcionado y a su derecha un chico que le atraía pero que soló conocía de vista. Ella pensó “Agua pasada no mueve molinos”. Era el momento de dar oportunidades. 
La primera a ella misma. Se merecía mucho más de lo que ella pensaba… cruzó la pista hacia la derecha y dedicó una de sus miradas más “furtivas”. Su sueño era LIBERTAD, su mirada era OPORTUNIDAD.

Todavía no se había rendido con ella misma pero sabia que el destino no lo podía elegir, sólo esperaba que si después de entablar una conversación se acababan convenciendo… sus besos no fuesen adictivos. Su libertad debería de estar por encima de todo y de eso también…