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viernes, 1 de marzo de 2013

Momentos...




La mediocridad no sabe de sueños. Nada está escrito, nada está hecho. Nada. Es hora de despertar, de estar convencidos y de querer de verdad algo. No nos conformemos. Es el momento de decidirse, de hacerlo como nunca. Sin esperar nada de nadie. Sólo de uno mismo, como si no hubiese un mañana. El dolor y el cansancio pasan, sin embargo la determinación de alcanzar la cima es permanente en el tiempo.

Si yo tuviese más tiempo, soñaría más, disfrutaría de las pequeñas cosas, del detalle. Esos detalles que dibujan una pícara sonrisa en tu rostro. Naturalidad. Espontaneidad. Latidos que tienen sentido. Si yo tuviese más tiempo dedicaría relatos a aquellas personas que realmente me hacen feliz. No pasaría ni un solo día sin decirles lo mucho que los quiero, porque algún día será el último. En ese momento, no habrá tiempo de explicaciones ni de excusas. Será tarde.

Por eso es tan importante la palabra. Al final lo es todo. Puede ser la alegría de un cumplido o la tristeza de quien la recibe o de quien la expresa. A veces es un esbozo de esperanza. Un secreto a voces. O un mal recuerdo, un triste sollozo convertido en lamento. Úsala, con criterio, quizás es la última vez que tú lo uses o que yo lo reciba. La palabra mágica es aquella que se nos escapa: El tiempo. Recuerda. El tiempo es un regalo. Tú tienes la libertad para usar la palabra como quieras; siendo todo o nada. Intenta encender una llama, esa que te mantiene despierto, que te mantiene vivo.

De esa manera nunca tendrás esa maldita sensación de “llegar tarde”. Creo que es de las peores sensaciones que se pueden tener, quedarte con la espina clavada, ¿Y si…?. Que no quede por tu parte. Lucha. Nadie dijo que esto iba a ser fácil, pero para bien o para mal, siempre va a merecer la pena… Vívelo.
¿Sencillo verdad? Siempre queda el recurso fácil: el engaño. Engañémonos.

Engañémonos, digamos que no existe el anhelo.
Engañémonos, digamos que no hubo sentimiento.
Engañémonos, digamos que no nos extrañamos.
Engañémonos, digamos que nunca nos ilusionamos
.Engañémonos, digamos que nunca nos quisimos.
Engañémonos, digamos que nunca nos hemos esperado.
Engañémonos, digamos que nunca hemos soñado.


Engañémonos, digamos que nunca existió. Engañémonos… porque solo a veces el engaño, supera al dolor, porque solo cuando te engañas comienzas a superar tus miedos, pero nunca te olvides, lo que sientes, lo que esperas, lo que sueñas, sigue AHÍ.

Al final cada ser humano es en esencia lo que ha hecho al cabo de su vida… de lo bueno y de lo malo. No vale girar la cara ante lo que no nos gusta. Es necesario ver el vaso medio lleno. No te queda otra. La gente entrará y saldrá de tu vida. A veces el mejor consuelo será el silencio. Todo es cuestión de tiempo.

Mientras tanto te harás fuerte, aunque quieras quedarte en aquellos momentos de la infancia, toca sobrevivir, darías media vida por volver a aquellos momentos, pero esos momentos, NO van a volver. Son recuerdos. Son cenizas de un corazón “tocado”.

Al final sólo un segundo es necesario para que un cielo azul le gane el pulso  a la tormenta. Ser esa luz que gira alrededor de nuestro universo, hasta el final. Sólo una mirada basta, para saber que las personas que están en tu vida, brillan más que nadie… tienen “algo” que jamás podrás olvidar. A veces es el azul de un cielo sin nubes o del mar en calma. Te atrapa en ese momento y ya no puedes escapar. Hagamos los recuerdos, pero  no te olvides, no estés ausente. Confía. Si estás leyendo esto, no eres mediocre porque yo no lo soy…¡ así que soñemos…!