Dana cerró los ojos y empezó a imaginar todos los buenos
momentos que había vivido a lo largo de todos estos años. Más bien eran pocos.
Encerrada en cuatro paredes blancas y como si fuese el último tráiler de su
vida, se disponía a reflexionar sobre ello. El tiempo se agota. Se engañó todo
este tiempo. No le daba igual estar que no estar. Al menos ahora le importaba. La
lucha más grande sin duda era con ella misma.
Demasiado tiempo empleado con otras personas. No era
proporcional al que a ella le habían dedicado. Eso la había atormentado demasiado tiempo. Quizás eso
ahora poco importaba. Ese momento era necesario. Ese momento. El momento en el
que estas jugando una partida y no sabes que cartas te van a tocar.
Toda la vida había demostrado todo lo que podía hacer, una lucha
continúa con las circunstancias, con las
personas, con aquellos obstáculos que no la dejaban en definitiva: Vivir. No lo había decidido. Ciertas loterías no se
quieren pero a ella le había tocado. Toda su puñetera vida, diciéndose a sí
misma “no pasa nada”, “esto no me va a condicionar para nada”. Una mentira más.
Sin embargo, hoy, no era día para rendirse.
