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sábado, 14 de diciembre de 2013

Un sentimiento llamado... miedo

Hoy, es la primera vez que escribo en mi blog de una manera más personal e intima. No hay personajes, no hay historias. Hoy es mi entrada más personal, más "interna".

Mi infancia fue sin duda el mejor de los momentos que he vivido en mi vida, nada se puede comparar, quizás sea una eterna enamorada de ese momento, y en parte mi vida, mi vocación, verse en ello. Sin embargo, me tocó muy pronto dejar de ser Campanilla.

Cuando miro dentro de mí, veo muchos momentos, demasiadas vivencias, de esas que vives a pasos acelerados de una manera temprana, no era el tiempo, pero las cosas vienen y uno no puede decidir.

Si miro atrás, veo un cambio, quizás demasiado exagerado, como una nube de algodón que se convierte en Dama de Hierro, por miedo, miedo a perder.

Al final, descubres, que el miedo te paraliza, que tienes más miedo, y más miedos de los que piensas, una eterna desconfianza del resto  y de la vida que no te deja vivir, por lo tanto eres injusta con el resto, eres injusta contigo mismo.

Dar un paso, por mínimo que sea, significa temblar, tener pálpitos, que un sudor frío te recorra toda la espalda y otra vez te invada ese sentimiento... un sentimiento llamado... MIEDO.

Maldito miedo, que no te deja entregarte, te permite ser más milimétrica, más piedra en definitiva; menos uno mismo.

Miedo a perder, miedo a pasarlo mal, miedo a fracasar, miedo a sufrir, incluso miedo a pasarlo bien, demasiado bien, en definitiva; miedo a vivir.

Creo que es el peor sentimiento del mundo, cuando eres feliz, parece que todos los elementos del universo se unen para que así lo sientas, cuando sufres o estas triste, tu pequeño Universo cae, siempre piensas, que ese momento es el peor de todos, que nunca vas a vivir otro peor. Sin embargo, cuando ocurre eso, uno siempre se equivoca, porque incluso nuestra mente, juega a nuestro favor y cuando ese momento pasa, sabes que lo has pasado mal, pero no recuerdas en qué intensidad. Esa es nuestra baza.

Sin embargo el miedo, te paraliza, sesenta segundos pueden parecer sesenta días, efectúas un control férreo que no te lleva a nada, en el mejor de los casos, pondrás barreras hacia cosas en las que antes te caerías en caída libre, y en el peor de los casos, esa idea convertido en sentimientos, te hará que te estanques, que te pierdas en esa espiral, una espiral que ahoga.

Y al final, no puedes usar ese recurso fácil, de "cargarle" las culpas a los otros. Esta vez es un asunto tuyo, no puedes pretender que alguien te ayude a salir a flote, uno mismo, es el que tiene las herramientas, la base para decidir, si queremos salvarnos o por lo contrario queremos permanecer ahí.

Yo me he dado cuenta hace poco, que estoy en esa espiral, en esa que te ahogas, las herramientas elegidas hasta ahora, eran rudimentarias, eran falsos intentos, como un milagro que esperas, como un brazo amigo que esperas se extienda ante ti. No. No nos llevemos a engaños, el turno es mio, ahora yo decido...pero nadie dijo que fuese fácil.