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domingo, 22 de diciembre de 2013

¿Dónde está la confianza?









Eso es lo que pensaba yo hace un mes, hay ciertas variables en mi vida diaria que son inexistentes; ni una pizca de suerte… ni una pizca de confianza.

Cuando no tienes ni suerte, ni confianza, cualquier decisión se vuelve más personal que el resto, todo y cada una de las cosas que hacen dependen de la misma persona: uno mismo.
A veces, intentas tener confianza en esas personas que aparecen en tu vida, sin embargo por mucho que lo intentan o lo intentas, parece que ese valor añadido a las relaciones sociales no existe. Sin embargo, un buen día, un completo desconocido puede ofrecerte un abanico de posibilidades, entre ellas: la ansiada confianza.


 Esa confianza, se adquiere, de la manera más cotidiana e inesperada, encuentras esperanza en todos esos pequeños detalles. Surgen los problemas, cuando esa confianza se va desvaneciendo, cuando hay peligro de que “eso” deje de existir. Tienes dos opciones; ignorar ese momento o luchar.

Supongo que las personas, valoramos en ese instante lo que más nos conviene, yo siempre he sido más de luchar, a pesar de rendirme en numerosas ocasiones. Esto ocurre, cuando no tienes suerte, las cosas las tienes que pelear.

Cuando esa confianza se tambalea, aparece el miedo, el miedo a perder. Ese miedo que en ocasiones te hace sacar lo más irracional de uno mismo. Personalmente, empiezo a ser más ilógica de lo normal, y eso creedme es un “papelón” para quien lo sufre. No hay nada peor, que hablar con alguien que no entiende NA-DA. Aunque parezca cómico, e incluso en otras ocasiones sería así, es una situación poco recomendable…

Sin embargo, cuando confías en alguien; familia, amigos, pareja, es uno de los mejores momentos que hay en la vida. De esos pequeños que ni se compran ni se venden porque son únicos.
En ese momento, el cielo y la tierra se convierten en uno, parece que todas las estrellas se alinean a favor de uno con un único objetivo: que seas feliz.


Confiar para creer. Creer para crear. Crear para soñar. Si puedes soñarlo puedes hacerlo.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

El paraiso...











En ocasiones, la vida emula al paraíso, algo parecido al "cielo", aquel que nos enseñaban de pequeños, donde se encontraban los buenos.

Me refiero a que en cada nosotros, existe un universo ( ya hablé anteriormente, de este concepto), por lo tanto, en nuestro particular paraíso... nos encontramos a ciertos ángeles.

Aunque parezca paradojico, nosotros mismos, estamos hechos de pedacitos de estos ángeles, de esas historias que calan en el fondo de nuestras almas, y que configuran a su vez, un nuevo paradigma interior, nuevas formas de actuar, de interactuar...

En ocasiones, ese paraíso puede ser una caricia, o una sonrisa más que necesitada después de un día largo, puede ser una película alrededor de una chimenea, o compartir un café...¡ eso es estar en el cielo!

Todos esos detalles del día a día, no son opciones deshechables, todo lo contrario, nos dan: Estabilidad.

Creo que la estabilidad es lo que buscamos o anhelamos la mayoría de los mortales..., no obstante, cuando analizamos nuestras vidas, no existe tal estabilidad relativa, es una consecución de alti-bajos, esos que nos hacen ser más fuertes.

Existen muchas maneras de vivir en el paraíso, a mi por ejemplo, me gustaría que algo de lo que proyecto aquí se viese manifestado en mi vida real; me gustaría seguir contando con mi familia y amigos/as, pero quizás no me gustaría vivir una montaña rusa de emociones. Quiero vivir emociones, pero con una estabilidad, con una continuidad. Lo necesito.

Ese es el paraíso, a veces es una sonrisa, o un guiño del ojo de la persona que quieres en una playa, una mirada cómplice o un abrazo en el momento exacto en el que ese universo se tambalea. A veces es una palabra que calma cualquier ápice de dolor, un proyecto, y un vivir el momento, aquí y ahora.

Por lo tanto, no importa lo que a mi me gustaría... puedo luchar por cambiar cosas que dependan de uno mismo/a, pero nunca podré cambiar las cosas que dependan del otro respecto a mí, en eso decide la otra persona.

Eso es la vida, ese paraíso, ese corto viaje para disfrutar, para sentirlo... y acordaros...  la vida te da las cartas, no puedes cambiarlas, pero tú decides cómo jugarlas..

sábado, 14 de diciembre de 2013

Un sentimiento llamado... miedo

Hoy, es la primera vez que escribo en mi blog de una manera más personal e intima. No hay personajes, no hay historias. Hoy es mi entrada más personal, más "interna".

Mi infancia fue sin duda el mejor de los momentos que he vivido en mi vida, nada se puede comparar, quizás sea una eterna enamorada de ese momento, y en parte mi vida, mi vocación, verse en ello. Sin embargo, me tocó muy pronto dejar de ser Campanilla.

Cuando miro dentro de mí, veo muchos momentos, demasiadas vivencias, de esas que vives a pasos acelerados de una manera temprana, no era el tiempo, pero las cosas vienen y uno no puede decidir.

Si miro atrás, veo un cambio, quizás demasiado exagerado, como una nube de algodón que se convierte en Dama de Hierro, por miedo, miedo a perder.

Al final, descubres, que el miedo te paraliza, que tienes más miedo, y más miedos de los que piensas, una eterna desconfianza del resto  y de la vida que no te deja vivir, por lo tanto eres injusta con el resto, eres injusta contigo mismo.

Dar un paso, por mínimo que sea, significa temblar, tener pálpitos, que un sudor frío te recorra toda la espalda y otra vez te invada ese sentimiento... un sentimiento llamado... MIEDO.

Maldito miedo, que no te deja entregarte, te permite ser más milimétrica, más piedra en definitiva; menos uno mismo.

Miedo a perder, miedo a pasarlo mal, miedo a fracasar, miedo a sufrir, incluso miedo a pasarlo bien, demasiado bien, en definitiva; miedo a vivir.

Creo que es el peor sentimiento del mundo, cuando eres feliz, parece que todos los elementos del universo se unen para que así lo sientas, cuando sufres o estas triste, tu pequeño Universo cae, siempre piensas, que ese momento es el peor de todos, que nunca vas a vivir otro peor. Sin embargo, cuando ocurre eso, uno siempre se equivoca, porque incluso nuestra mente, juega a nuestro favor y cuando ese momento pasa, sabes que lo has pasado mal, pero no recuerdas en qué intensidad. Esa es nuestra baza.

Sin embargo el miedo, te paraliza, sesenta segundos pueden parecer sesenta días, efectúas un control férreo que no te lleva a nada, en el mejor de los casos, pondrás barreras hacia cosas en las que antes te caerías en caída libre, y en el peor de los casos, esa idea convertido en sentimientos, te hará que te estanques, que te pierdas en esa espiral, una espiral que ahoga.

Y al final, no puedes usar ese recurso fácil, de "cargarle" las culpas a los otros. Esta vez es un asunto tuyo, no puedes pretender que alguien te ayude a salir a flote, uno mismo, es el que tiene las herramientas, la base para decidir, si queremos salvarnos o por lo contrario queremos permanecer ahí.

Yo me he dado cuenta hace poco, que estoy en esa espiral, en esa que te ahogas, las herramientas elegidas hasta ahora, eran rudimentarias, eran falsos intentos, como un milagro que esperas, como un brazo amigo que esperas se extienda ante ti. No. No nos llevemos a engaños, el turno es mio, ahora yo decido...pero nadie dijo que fuese fácil.