Si
yo pudiese decidir, me perdería en el mar de sus ojos.
Si
yo pudiese decidir, entrelazaría mis manos entre sus manos pequeñas.
Si
yo pudiese decidir, hablaría menos y sentiría más.
Si
yo pudiese decidir, no me ocultaría nada cuando lo mirase.
Si
yo pudiese decidir, arriesgaría todo a una sola carta a sabiendas que esa es la
ganadora.
Si
yo pudiese decidir, derribaría tus
murallas y rompería tus cadenas…
Porque
en el fondo, de nada sirve comprenderlo todo cuando uno se siente solo, cuando
perdemos cosas por miedo a perder, porque no te he buscado y sin embargo te he
encontrado. Porque tú y solo tú, sabes que cada palabra que digo, no es un mero
pensamiento, no es una mera ilusión, ni siquiera una interpretación propia, es
la realidad.
Quizás lo más doloroso, no sean ni los hechos, ni las palabras,
quizás sea la indiferencia o la ofensa de que ya no significo nada.
Bien,
podrás engañarte, engañarlos, incluso en ocasiones me lo creeré yo, pero hay
cosas en las que no hubo testigos y por
el contrario si risas cómplices, miradas
que hablaban solas y una colección de recuerdos.
Algún
día, te acordarás de estas palabras, algún día se producirá ese temido
encuentro, entonces tendremos vidas diferentes como dos desconocidos que ya no
saben nada uno del otro, pero en ese momento se congelará el tiempo y
seguramente no exista la indiferencia.
Piensas,
que puedes tapar el sol con un dedo, quizás cambiar un corazón por uno de
papel, un engaño más que no te beneficia… y a mí para variar tampoco. Aquí
nadie poseía a nadie, era algo puro y libre, libre como el viento que roza tu
cara en este Abril lluvioso y a la vez cálido como el abrazo más intenso, más
de verdad… Y sí, te quiero, y tú lo sabes en mis sueños.