Mañana puede ser un buen día.
Cierro los ojos y llegan a mi mente recuerdos, grandes recuerdos que han dejado
huella y que siguen produciendo en mí, aquella risa nerviosa.
Todavía recuerdo, el día en el
que lo conocí, tan misterioso y enigmático, donde cada palabra tenía un
significado peculiar, en definitiva especial. Realmente, han pasado tantas
cosas…
Soy más feliz
recordando e incluso imaginando aquellos recuerdos que viviendo una realidad vacía
e insípida. No he cambiado mi corazón por uno de papel, pero con los años, se
ha vuelto más duro, como una roca firme en el alto del camino.
Sin embargo, esa roca, mañana cobrará
vida, no es una
herida que necesite cerrarse, es más bien un huequecito, que necesita seguir
abierta para poder respirar, para poder vivir.
Por unos instantes, aunque no lo
vea, estaré más cerca que nunca, cerca de su vida, cerca de su entorno, cerca
de lo que es ahora, en su nueva vida. No importa tanto el resultado; estaré, y
eso, llegados a este punto, es más que importante.
No sé que pasará, me dejaré
llevar, no pienso ceder, ni tener miedo, importa el ahora, la sonrisa que
ilumina, la victoria de las últimas batallas… mañana es el día… en donde el
sabor, no será agridulce… será dulce.
Será mágico. Mañana mis labios tendrán
sabor a Ginebra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario