Cómo si se tratase de una de las
primeras obras de Kandinsky, el sueño de Dana de hoy ha sido de lo más
abstracto casi tanto como su vida. Era un sueño de esos que calan. Libertad.
Esa era la palabra, quizás lo que ella había anhelado todo este tiempo. Enfrascada
en una situación que la retiene mientras los sentimientos vienen y van. Cansada
de dar, sin tener nada que pedir. Sólo lealtad. Sólo Libertad.
Se despierta, confundida por el
momento, preguntándose ¿Quién soy yo? Hoy no es día de reflexionar, debe de
comenzar a vivir. Se levanta apresurada, no quiere llegar tarde a su trabajo, a
pesar de que no es el trabajo de sus sueños, la puntualidad es algo que va con
ella, como si realmente fuese una
característica innata de sí misma.
Deseosa de que finalicé su
jornada laboral, imagina cómo va a ser la reunión entre amigas, la noche es
joven y ella busca una “presa” a pesar de que piensa que ya nadie merece la
pena…Después de mirar impaciente el reloj quince mil veces por minuto al fin
llega la hora.
Va caminando lo más rápido que
puede, pensando en que “modelito” se pondrá hoy, y ella que siempre tiene
gustos caros, sabe que las mejores joyas se venden solas aunque ella ya no se
venda.
Esta preparada, comienza la
acción a pocos metros se encuentra el restaurante y allí estarán sus tres
amigas del alma, las “mosqueteras” como las llama de manera cariñosa. A su encuentro
sale su mejor amiga Patricia una chica de esas que tienen “estrella”, casi
perfecta, el sueño de todo hombre. Dentro las esperan las dos compañeras de
juergas y de batallas: Sonia y Estela.
Comienza la noche. Entre risas y
cotilleos, Estela pide la cuenta. Se les hace tarde y para variar Sonia ha
bebido un par de copas de más y comienza
a reírse de manera compulsiva. Dana desea que la noche siga, no tiene nada que
perder y como le diría su compañero de cama, ese que nunca le falla; “Algunas
veces hay que decidirse entre una cosa a la que se está acostumbrado y otra que
nos gustaría conocer”. Puede resultar inquietante, pero Coelho siempre acierta
y hoy quiere dedicárselo a él.
Entran en una discoteca y el
destino parece que se burla de ella: a su izquierda el chico que le había robado
el corazón hace tiempo y que tanto la había decepcionado y a su derecha un
chico que le atraía pero que soló conocía de vista. Ella pensó “Agua pasada no
mueve molinos”. Era el momento de dar oportunidades.
La primera a ella misma.
Se merecía mucho más de lo que ella pensaba… cruzó la pista hacia la derecha y
dedicó una de sus miradas más “furtivas”. Su sueño era LIBERTAD, su mirada era OPORTUNIDAD.
Todavía no se había rendido con
ella misma pero sabia que el destino no lo podía elegir, sólo esperaba que si
después de entablar una conversación se acababan convenciendo… sus besos no
fuesen adictivos. Su libertad debería de estar por encima de todo y de eso
también…
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